Este maletín es el muestrario de un viajante de quincalla y, por sí mismo, constituye un museo dentro del Museo. Los vendedores de quincalla se colocaban en lugares concurridos de las localidades, como las plazas y las salidas de teatros e iglesias, para vender sus pequeños juegos y juguetes, que entusiasmaban a niños y niñas, a precios muy asequibles.
En este ámbito destacan las «sorpresas», unos paquetitos que se compraban sin saber qué juguete contenían, y los complementos para disfrazarse, como, por ejemplo, gafas de colores.
2026 Museo del Juguete de Cataluña –

